sábado, 7 de febrero de 2015

Te quiero.

Me quieres.

Y lo haces a pesar de que yo lloro todos los días. Me quieres a pesar de mi corazón partido, y de mis miedos. De mis fobias. Me quieres cuando intento verme bella para ti y cuando me tiro en una depresión psicótica. Me quieres aunque tenga esta actitud infantil y soñadora, y aunque difiera a todo lo que tú crees, por el simple hecho de ser tan luna y tú tan sol.
Me quieres cuando aprieto tu mano en la oscuridad, me quieres cuando no quiero nada. Estás allí, y me soportas, y me cuidas, y me quieres cuando yo no tengo nada que darte más que amargura y depresión. Me quieres.
Me quieres cuando río frenéticamente, y cuando canto desentonada. Me quieres cuando vuelo tan alto como tú, y me sigues queriendo aún cuando te digo que no soporto las alturas por tanto tiempo, que estoy acostumbrada a una mediocre y miserable vida terrestre. Me quieres cuando te digo que me asustas. Cuando te llamo en la madrugada, cuando te pido que no me quieras. Pero lo haces, y te quedas.
Me quieres cuando lanzo agudos gritos de dolor en la madrugada, cuando te hago prometer estupideces por una inseguridad infundada y completamente estúpida. Cuando me siento herida por cualquier pequeñez, me quieres cuando me muerdo las uñas, y me lanzo a la desesperanza. Cuando todo lo que quiero es morir, y me quieres ¿POR QUÉ?

¿.. por qué? ¿Qué hiciste para merecer un castigo tan poco efímero como el de enamorarte de alguien... como yo? ¿Qué hice para merecer un placer bendito tan infinito como para enamorarme de ti?
Y es que a pesar de todo esto, me quieres.
Y además de todo esto, te quiero.

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