viernes, 6 de febrero de 2015

Paseos.

¿Qué puedo decir? Mis manos tiemblan y tú estás allí parado, sin decirme nada. Miras al vacío aún con la sonrisa en esos bellos labios que tanto me gustan. ¿Cómo te explico que jamás me había sentido así? ¿Escuchas mi corazón? Palpita demasiado fuerte como para que no puedas escucharlo.

Pero, ¿Qué puedo decir? Me encanta caminar a tu lado, y sentir como mi piel arde cada que me tocas. Me desvive esas cómplices miradas asesinas que cruzamos de vez en cuando, porque aunque para ti sea nada, para mí lo son todo. Es como un pequeño mundo que creé donde tú siempre cuentas las mejores historias y yo siempre suelto las mejores risotadas.

Porque de algún modo u otro, estamos aquí. Y tú respiras, y yo exhalo. Estamos bajo un cielo infinito y rodeados de centenares de sonidos de autos que forman las sinfonías más bellas. Te doy todo lo que tengo entre sonrisas mimadas y tú te burlas cariñosamente.

Entonces recuerdo que tengo exámenes, y que tengo una gripe del demonio. Entonces estás tú. Recuerdo la pelea que tuve con mamá por la mañana, y cómo el transporte iba tan lento que los peatones lo rebasaban. Y está tu sonrisa. El momento en que le tomé al café hirviendo, recuerdo que ya no tengo batería, y recuerdo tus malos chistes, y que tengo demasiada tarea. Recuerdo que tengo trabajo mañana por la mañana. Suena mi estómago de hambre, y ruge mi espíritu de ansias de ti. Y me doy cuenta de lo bella que es la vida ahora que estás en ella.

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